Perro semihundido de Francisco de Goya
El resultado suele ser atroz. Como la historia de Jaime Abelardo, que publicó hace unos días The New York Times (pincha en el primer resultado de la búsqueda): un ecuatoriano residente en Barcelona que se hipotecó para comprar un piso de 220.000 euros y ahora debe 260.000; por supuesto, también ha perdido el piso. Su pesadilla no es anecdótica. Según un reciente informe de la Unión de Consumidores de Catalunya y la Asociación de Usuarios de Cajas y Seguros de Catalunya, más de doscientas mil familias en España cayeron en esta trituradora entre 2007 y 2009; nadie sabe aún cuántas van este año, aunque otros informes dicen que hay 1,4 millones de ciudadanos al borde de la bancarrota personal.
¿La razón de este dislate? Que en esta democracia hipotecada que presume de dos de los bancos más grandes del planeta, la draconiana ley ordena que incluso las hipotecas estén respaldadas como si fuesen créditos personales, por todo el patrimonio presente y futuro, por medio de un procedimiento donde todas las garantías están del lado del que siempre gana, de la banca. En el mundo civilizado, son las casas las que se hipotecan. En España, hipotecamos a las personas."
Imagen: Cristal Palace , Londres











